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Espontaneidad, sorpresa y tipicidad cambian el reglamento del Bocuse d’Or 2013
España no estará, no pudo superar la clasificación europea, y con ello se perderá una edición que por primera vez en mucho tiempo va a registrar una serie de cambios en el reglamento. 25 años después de la aparición del Bocuse d'Or, el propio Paul Bocuse y el Comité de Organización Internacional han anunciado unas variaciones del concurso con la intención de animar a los finalistas a ser todavía más creativos.
La reflexión que se ha realizado detrás de este movimiento de fichas pasa por apreciar en las últimas ediciones una reducción significativa de la improvisación, la espontaneidad y el carácter autóctono de las propuestas de cada equipo, que por un lado pretenden minimizar los riesgos para agradar al jurado, pero que por el contrario reducen la posibilidad de sorprender al jurado a la vez que se uniformiza y occidentaliza todavía más los trabajos de cada país, indistintamente de su procedencia. Finalmente, y después de más de un año de un estudio detenido en estrecha colaboración con el chef consultor Régis Marcon, los cambios han visto la luz.
Por un lado, en lo referente a la partida de pescado, no se dará a conocer el producto estrella hasta el mes de Noviembre. Además, los finalistas estarán obligados a comprar parte de sus ingredientes el día anterior a la competición durante un tiempo estrictamente controlado. El tercer acompañamiento del pescado deberá ser un plato típico local. Además, habrá un jurado de control que obligará a cada participante a escribir la receta del pescado el día anterior a la competición, para luego comprobar que se sigue ese guión durante la elaboración del plato. En lo referente a la carne, el producto elegido para esta edición vuelve a ser la ternera irlandesa de gama superior, tanto el filete como diferentes partes de su carne. En este caso, para los tres acompañamientos se valorará la especificidad geográfica de las creaciones.
Con todo, lo que la organización pretende abiertamente es impulsar más la creatividad y espontaneidad de los trabajos, promocionar mejor cada tradición culinaria y, además, abordar más la lucha contra el despilfarro y a favor de la "eco-responsabilidad".
24 países estarán en la gran final de Lyon el próximo mes de Enero. Entre estos cabe destacar la presencia de nuevos participantes como Marruecos, Hungría o Sri Lanka. Veremos si estos u otros finalistas son capaces de destronar la hegemonía de los países escandinavos. Francia por su parte, luchará por volver al podio y, quién sabe, quizá estos cambios en el reglamento contribuyan a poner en lo más alto del concurso más importante de cocina en el mundo a otras potencias gastronómicas.






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