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Vinos de Valdepeñas, Tradición puesta a macerar
La obtención de este fruto preciado destila la historia y cultura de un pueblo afortunado, cuyas gentes han aunado conocimiento y tradición a lo largo de generaciones para ofrecernos lo mejor de sus tierras.

El borde meridional de la submeseta castellana, entre las comarcas de Campo de Montiel y Campo de Calatrava, acoge las 29.000 hectáreas de superficie de viñedo pertenecientes a la Denominación de Origen Valdepeñas. Los términos municipales incluidos son Valdepeñas, Alcubillas, Moral de Calatrava, San Carlos del Valle, Santa Cruz de Mudela, Torrenueva, y parte de Alhambra, Granátula de Calatrava, Montiel y Torre de Juan Abad.
Más de 4.000 viticultores, la mitad de ellos residentes en la zona, se encargan añada tras añada de cultivar las variedades de uvas con las que se elaboran los vinos de Valdepeñas. Posteriormente, las 70 bodegas activas existentes y reconocidas en la Denominación de Origen se encargarán de elaborar y conservar los caldos hasta la hora de su degustación. De estas bodegas, 29 son productores, hay 7 cooperativas y SAT, 34 embotelladoras y 9 son de crianza.
Los vinos
Los caldos procedentes de las bodegas inscritas en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Valdepeñas se caracterizan por haber superado un control estricto de calidad, garantía de que han sido producidos conforme a la normativa exigida, reguladora de la delimitación de la zona de producción, las prácticas de cultivo, la densidad de plantación, la poda, la vendimia y la producción máxima admitida.
Blancos
Con un aroma fino, limpio y algo afrutado y ligeros a la boca, presentan un color amarillo pálido. Tienen una graduación alcohólica de 11 a 12,5°. Deben tomarse fríos y el mismo año de su embotellamiento.
Tintos jóvenes
Son vinos con más cuerpo en su degustación y más complejos respecto a su elaboración. Afrutados a la nariz y suaves en la boca, se caracterizan por tener un color rojo violáceo, rico en matices rojo ladrillo con el paso del tiempo. Estos caldos evolucionan muy bien durante su crianza en barricas y botellas, alcanzando su esplendor entre los 2 y 10 años. Deben tomarse a una temperatura de 16 o 17°C y se aconseja abrir la botella un poco antes de su degustación.
Rosados
Similares a los blancos, se caracterizan por su peculiar aroma consecuente de la utilización de la variedad de uva Cencibel. Tienen una graduación de entre 11 a 13 grados y es mejor consumirlos en su primer año de elaboración.
Crianza
Son representados por algunos caldos de las mejores cosechas, que no pueden tener menos de 2 años. El proceso de envejecimiento consiste en su permanencia en barrica de madera de roble durante un período de al menos 6 meses.
Reserva y Gran Reserva
Cuando el período de permanencia en barrica de roble es de 12 meses, en el caso de los Reserva, o 24 meses, los Gran Reserva. Además, los vinos tintos han de permanecer otra temporada de 24 a 36 meses en botella, guardándose en bodegas hasta que adquieren las condiciones óptimas que garantizan el aroma y bouquet de los mejores Valdepeñas.
El cultivo y la vendimia
Las prácticas de cultivo y vendimia se siguen efectuando de un modo totalmente tradicional. La densidad de plantación suele ser de sólo unas 1.600 cepas por hectárea, teniendo en cuenta que el Consejo Regulador establece hasta un máximo de 2.300. El reglamento de esta entidad fija en 6.000 kg. por hectárea la producción máxima para las variedades de vid blancas y 4.000 kg. para las tintas. Respecto a la vendimia, el Consejo establece cada año las normas sobre el ritmo de recolección y el transporte de la uva vendimiada.
El origen geológico de la zona de Valdepeñas, con terrenos calizos y tierras arcillosas, la hacen muy favorable para el cultivo del viñedo de calidad. El clima de la zona, continental y seco, es también excepcional. Todas estas peculiaridades inciden favorablemente en la respuesta de cada una de las variedades de la vid ante el suelo y el microclima de la zona.
Los vinos amparados en la Denominación de Origen Valdepeñas se elaboran a partir de uvas de las variedades Airén y Macabeo (blancas) y Cencibel, Garnacha y Cabernet Sauvignon (tintas). A finales de la primavera, las viñas florecen y tras la fecundación, el fruto se engrandece rápidamente hasta el "envero" (cambio de color). Después, madura y acumula azúcares al mismo tiempo en que disminuyen los ácidos, formando así los taninos y colores, adquiriendo los aromas característicos y definidores.
El mercado

Valdepeñas, ubicada a medio camino entre Madrid y Andalucía, encuentra en estas dos comunidades autónomas sus principales mercados. Las viejas tabernas de la zona antigua de Madrid, mucha de las cuales subsisten todavía como verdaderos templos de culto al Valdepeñas, son el reflejo de la importancia y reconocimiento que adquirieron estos caldos a partir del siglo XIX en nuestro país. A nivel nacional y respecto a niveles de comercialización, estos vinos están consolidados en la segunda posición tras los Riojas. En estos últimos años, los españoles han consumido una media superior a los 40 millones de litros al año de vino de Valdepeñas embotellado.
Las exportaciones se han incrementado, especialmente respecto a los vinos tintos y blancos. Una de cada cinco botellas elaboradas por las bodegas se vende fuera de España, siendo los mejores clientes los países de la Europa comunitaria como Holanda, Suecia y Reino Unido. Conscientes de la importancia que están adquiriendo los vinos de Valdepeñas a nivel internacional, su Consejo Regulador está presente en las más importantes ferias del sector que se celebran en todo el mundo, además de promover misiones comerciales anuales con importadores y periodistas especializados.
Cronistas, poetas, escritores y políticos de todas las épocas han elogiado a lo largo de los siglos las excelencias y grandezas de estos vinos. También nuestros vecinos franceses se rinden ante los caldos de esta región y hasta el mismo mariscal Pétain reconoció que "con este vino de Valdepeñas se pueden ganar muchas batallas".

















