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Ribera Duero, camino al andar
Sus caldos marchan ambiciosos con la sana pretensión de llegar a codearse con un burdeos o borgoña en las subastas de Sotheby´s o Christie´s, y entrar decididamente en el templo sagrado de los mejores vinos del mundo. Ribera del Duero ha sido etiquetada como la Denominación de moda, aunque por su nobleza e historia bien merece la distinción de que gozan los mejores clásicos.

El año 82 marca un claro punto de inflexión en los vinos que tradicionalmente se venían elaborando en la Ribera del Duero. Con una larga trayectoria a sus espaldas, unas cuantas bodegas familiares y asociaciones de viticultores se proponen dar un salto cualitativo y empiezan a actuar con verdadera mentalidad empresarial. Hasta aquel entonces el mercado internacional se antojaba lejano e inaccesible, pues el medio millón de botellas que se comercializaban se vendían prácticamente a pie de bodega.
Las iniciativas y preocupaciones de estas bodegas por impulsar los viñedos y vinos ribereños dan lugar a la creación de la Denominación de Origen. Desde entonces han proliferado las bodegas en tierras castellanas y se ha multiplicado el número de hectáreas destinadas al cultivo de la vid. Así, la venta de vino adscrito a la Denominación de Origen Ribera del Duero en 1997 ha superado los 20 millones de botellas.
La evolución que se ha producido en la Ribera del Duero ha llegado a influir en la importancia de los distintos tipos de vino. Si en los años previos al reconocimiento de la Denominación de Origen los rosados, sutiles de color, frescos y ligeros en boca, para consumir en uno o dos años, constituían una parte sustancial de la producción, hoy en día son los tintos, especialmente los sometidos a procesos de crianza efectuada en barricas bordelesas, los de mayor peso y reconocimiento.
El crecimiento cualitativo y cualitativo registrado en nuestro país, unido a la fuerte expansión en los mercados internacionales, animada por la obtención de no pocos premios y destacadas menciones, aporta enorme optimismo respecto al futuro inmediato que pasa por situar a esta joven D.O. entre las regiones de lujo en cuanto a la producción de vinos.
Ribera del Duero comprende cerca de 12.000 hectáreas de viñas que se reparten en la zona del Alto Duero, en las provincias de Soria, Burgos, Segovia y Valladolid. El relieve de la zona, entre 700 y 1.000 metros de altitud, se caracteriza por la presencia de una franja central, franqueada por terrenos más elevados con una tipografía muy variada. Los suelos son de aluvión y arcillo-ferrosos. Las plantaciones de viñedo se sitúan en las laderas que protegen el cauce del río Duero.
El clima es continental con ligera influencia atlántica. Los inviernos son muy duros (mínimas de -15°C), con un largo período de heladas, y veranos secos con temperaturas máximas de 40°C. La pluviometría se sitúa entre 430 y 550 litros por metro cuadrado y el número de horas de sol anuales varía, según la zona, entre 2.750 y 2.500.
Tinta del País
La variedad principal en la zona es la Tinta del País (Tempranillo), que encuentra en la Ribera del Duero su hábitat ideal, dotando a sus vinos de gran equilibrio, tanto en su juventud como en su crianza. También se dan en la zona, pero con menor peso, las variedades Garnacha, Cabernet-Sauvignon, Malbec y Merlot, éstas tres últimas de origen francés que en algunas áreas se ensayan como complemento de la variedad principal.
Los vinos protegidos presentan una amplia y sugestiva gama, que abarca desde rosados a tintos de crianza y reserva. Rosados de color sutil con matices fresa, guinda, aromáticos y frutales, frescos y ligeros de boca. Tintos jóvenes vestidos de púrpura, amplísimos de aromas frutales silvestres, llenos de sabores y suaves en boca.
Tintos de crianza y reserva que tras una perfecta adaptación a su crianza en barrica y una adecuada permanencia en botella llegan al consumidor brillantes, con un intenso color rubí y guinda adornados de un finísimo "bouquet" característico de su zona y variedad. Y por último, sus grandes reservas, los vinos más longevos de España, que con el paso del tiempo en botella mejoran cada día, sin encontrar su decrepitud.
Rosado
El tipo de uva utilizado ha de contener como mínimo un 50% de las variedades tintas autorizadas, y una graduación alcohólica no inferior a los 11°.
A la vista, los rosados de la Ribera presentan un color guinda, con matices rosa fresa y tenues coloraciones azules y violáceas en la capa final. En su fase olfativa se aprecian aromas primarios nítidos y punzantes típicos de la variedad, fruta verde y fruta madura y característicos tonos de bayas silvestres. Acompañan bien a pescados, carnes blancas, queso fresco y pastas.
Tintos
Se emplea como mínimo un 75% de uva Tinta del País y el resto de las variedades del Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot. Puede emplearse también Garnacha Tinta y/o Albillo con un máximo del 5%. La graduación alcohólica mínima es de 11,5°.
· Tinto Joven
Presenta un rojo guinda muy intenso, con importantes ribetes azulados, añil, violáceos y púrpura. Desprende aromas densos, abundantes e importantes, de la gama frutal madura y frutos silvestres (mora y zarzamora), intensos y persistentes. Son vinos muy amplios en boca y plenos de sabores, de gran persistencia y apreciable untuosidad para un vino joven. Casan con carnes blancas, quesos de media curación y guisos ligeros.
· Crianza, Reserva y Gran Reserva
El crianza necesita un periodo de envejecimiento no inferior a dos años naturales, al menos uno en barrica de roble. El Reserva se somete a crianza durante 36 meses mínimo (12 al menos en barrica de roble), y el Gran Reserva permanece un mínimo de 24 meses en barrica de roble y un mínimo de 36 meses en botella.
Sus colores evolucionan del rojo guinda intenso, con aún ligeros ribetes violáceos en los crianzas, a colores guinda medio con abundante rubí y tonos teja y ladrillo en capa fina para los grandes reservas.
En boca son amplios, redondos y aterciopelados, untuosos y llenos de sabores. Persistente e importante retrogusto al ser su evolución lenta, tanto en crianza oxidativa (madera) como en fase de reducción (botella). El pulido del vino es meticuloso y perfecto, presentando una boca muy equilibrada y sin ningún tipo de aristas. Acompañan a los clásicos asados castellanos de cordero y cochinillo, caza de pelo y de pluma y carnes de vacuno estofadas.
Mercado exterior
El Consejo Regulador se encarga de vigilar con todo rigor el origen y las características de uvas y vinos para garantizar al consumidor una altísima calidad en cada una de las botellas que ostentan la contraetiqueta de la Ribera del Duero. Así, un vino amparado por el distintivo "Denominación de Origen Ribera del Duero" es un producto sujeto a unas normas de fomento y control de calidad. Este es un proceso de gran relevancia en el camino que se ha propuesto recorrer Ribera del Duero y que ha de llevar a sus vinos al más alto escalafón internacional.
El mercado exterior de la Ribera del Duero se vio ampliado de forma considerable durante el año 1995. En cifras, los 1.200.700 litros exportados ese año supusieron 24.000 cajas más que en 1994. Los principales destinos son Alemania y el Reino Unido y más recientemente Australia, Rusia y Francia.
Así pues, Ribera del Duero, esencia castellana, hace camino al andar hacia su destino, hacia las más altas cumbres dentro y fuera de nuestras fronteras, siempre con un indiscutible sello de calidad.

















